La música clásica forma parte de la vida de muy pocas personas, dentro de esos pocos está Enrique Victoria Obando, violinista y violista que gracias a su determinación y esfuerzo se ha convertido en el Director de la Orquesta Sinfónica de Arequipa.

Por Susan Ccari Bustinza

Fotografía Adrianne Marroquín para Photolife Studios

La vida de Enrique es como una sonata que a veces suena con notas intensas y a veces con otras más suaves; pero siempre en una melodía constante, como una pieza musical que nunca termina. Llegan sonidos agudos y graves,… la música no se detiene, no hay lugar para el silencio. Los dedos parecen mecerse por sí solos, es la práctica. El arco fricciona las cuerdas y se oyen notas musicales que invitan a embriagarse de música a todo aquel que lo escuche y lo vea.

LA PIEZA INICIA

Fueron años de aprendizaje para llegar a ser y hacer lo de hoy. Enrique conocía de la música clásica mucho antes de nacer, sus progenitores Amílcar Victoria y Elizabeth Obando eran amantes del arte. Su padre es un cantante barítono, es decir del tipo de voz que se encuentra entre la del tenor y el bajo. Por otro lado su madre lleva el arte de la poesía corriendo por las venas, y Enrique como primogénito y único hijo no podía dejar de heredar la esencia artística de la familia.

Comenzó desde muy pequeño, (a los 4 años de edad) a perderse en las sinfonías de los grandes maestros del viejo continente. Oía la música del ruso Dmitri Shostakóvich y del  bohemio austriaco Gustav Mahler, ambos considerados como los compositores más importantes del siglo XX. Pero fueron las melodías agudas del violín, y los graves de la viola, las que lo habían cautivado más que cualquier otro instrumento.

Partituras

No concebía la vida sin el sonido de aquellos dos instrumentos, por lo que emprendió sus estudios de música en la Escuela Dunker Lavalle. El aprendizaje no terminó tras estos 5 años, ya que después partió al Conservatorio de Música de Puerto Rico en busca de una maestría, lugar donde Emily Rodriguez también conquistó su corazón de la misma forma que la música lo hizo. Ambos son cómplices de este arte, hablan de las melodías y las interpretan juntos deseando que su pequeña hija, Isabella Sofía “desde el cielo,” también oiga y caiga prendida de las voces de las cuerdas.

Hace ya algún tiempo, el camino a su pasión lo llevó a seguir su formación en la Universidad de Nuevo México en Estados Unidos. Además es miembro de la Orquesta Juvenil de las Américas (OJA) desde  2009 y Director Adjunto de la Orquesta Sinfónica de Arequipa (OSA) desde hace dos años. De la misma forma Enrique Victoria ha conseguido también y sin esperarlo,  dirigir “El Fantasma de la Ópera” en Puerto Rico y cosechar muchos más logros y reconocimientos.

Como vemos Enrique no conoce cuál es la siguiente partitura que el futuro le tiene escrita; solo se dejará llevar por el ritmo que la batuta de su vida le vaya marcando.

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